La noche del domingo 18 de enero, Leiva regresó a Guadalajara para reencontrarse con su público en el C4 Concert House, dejando claro por qué es uno de los compositores más sólidos del rock en español actual. Desde los primeros acordes, el recinto se transformó en un espacio de complicidad entre artista y audiencia, donde cada canción fue recibida como una confesión compartida.

Con una banda bien engranada y un sonido pulcro, Leiva construyó un recorrido que equilibró la energía del rock con momentos íntimos, esos en los que su voz y sus letras toman el control absoluto. El set avanzó entre temas que invitan a corear y otros que bajan las revoluciones para conectar desde lo emocional, mostrando la dualidad que caracteriza su proyecto: intensidad y sensibilidad en la misma línea.
Más allá del repertorio, uno de los puntos más fuertes del concierto fue la cercanía que mantuvo con el público tapatío. Entre canciones, Leiva se dio tiempo para agradecer, bromear y reconocer la respuesta de la gente, creando una atmósfera cálida que hizo que el show se sintiera menos como un concierto y más como una reunión musical entre amigos.
La producción acompañó con una iluminación sobria pero efectiva, resaltando los climas de cada tema sin robar protagonismo a la música. Todo fluyó con naturalidad: guitarras potentes, secciones rítmicas firmes y una interpretación vocal que sostuvo la intensidad de principio a fin.
El paso de Leiva por Guadalajara dejó una sensación clara: su propuesta sigue creciendo sin perder honestidad. La presentación del 18 de enero no solo fue un repaso por su trayectoria, sino una confirmación de su conexión con el público mexicano, que respondió con coros, aplausos y una energía constante.