Rosalía regresó a Guadalajara y durante dos noches convirtió la Arena VFG en el escenario de LUX, un espectáculo donde música, danza, iluminación y una puesta en escena cuidadosamente construida se mezclaron para crear algo que se sintió mucho más grande que un concierto.

Desde el primer momento, el ambiente fue distinto. El escenario, las luces y la presencia de los bailarines fueron construyendo poco a poco ese universo que Rosalía propone en su nuevo álbum. No se trataba solamente de escuchar las canciones, sino de entrar en ellas.
La experiencia avanzó entre momentos de contemplación y explosiones de energía. Reliquia, Porcelana y Berghain aportaron esa parte más solemne y atmosférica, mientras que SAOKO, Bizcochito y Despechá hicieron que la Arena VFG se convirtiera nuevamente en una enorme pista de baile.
Uno de los grandes aciertos está precisamente en esos contrastes. Rosalía puede aparecer rodeada de una puesta en escena casi ceremonial y, unos minutos después, romper completamente con ella. Todo parece tener un propósito dentro de la narrativa del espectáculo.
Y aunque la producción es enorme, hay momentos en los que la atención termina concentrándose únicamente en ella. Rosalía domina el escenario con una seguridad que deja claro por qué, después de tantos años, continúa siendo una de las artistas españolas más interesantes de la escena internacional.
Para Guadalajara, además, había algo especial: el regreso de una artista que el público tapatío llevaba varios años esperando. Y la respuesta estuvo presente desde el primer momento, acompañando cada canción y convirtiendo el recinto en parte del espectáculo.
Al final, más que salir con la sensación de haber visto un concierto, queda la impresión de haber recorrido durante un par de horas el universo que Rosalía imaginó para LUX.
Rosalía regresó a Guadalajara, pero esta vez no vino solamente a cantar. Vino a llevarnos a otro lugar.
Reseña por: Laura Peña.