Melancolía y cerveza fría

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-¿Qué pedo conmigo? ¿De verdad me gusta el hip hop?- Me pregunté después de que vi el cartel del Calavera Hip Hop Fest y caí en cuenta de que conozco, y más grave aún, disfruto las rolas de Doble U, Dasket, Sabino, Hispana, Alemán, Simpson Ahuevo, Tino El Pingüino, Gera MXM, Charles Ann y La Banda Bastön. No sé cómo fue que lo más fresco del hip hop mexicano se me atoró en la consciencia: no nací en el gueto, ni me crié en las calles, y sin embargo ahí estaba el 06 de noviembre en la Concha Acústica, con mi gorra al revés, un hitter en el bolsillo y la disposición total de cederle al beat el control de mi cabeza.

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El Calavera Fest juntó a los mejores exponentes del momento, por ejemplo: Hispana, la morra que con la fuerza de su voz  se ha abierto paso en una escena tradicionalmente masculina, a Gera MXM, hijo adoptivo de Guanatos, a La Banda Bastön con sus más de quince años de flow y Charles Ann, el barboncito sexy  que está conquistado los oídos y corazones de la chaviza. Considerando los nombres que encabezaban el cartel,  esperaba encontrarme con chingos y chingos de gente. Para mi fortuna, que no me gustan las muchedumbres, pero para infortunio de la escena y los organizadores, la cosa fue diferente. En su momento más álgido la asistencia no rebasó las trescientas personas, o sea, había suficiente banda para echar desmadre pero no tanta como para que la cosa se saliera de control y uno terminara regresando a casa, como suele ocurrir en los festivales de rock, mallugado, enlodado y bañado en ese jugo de concierto hecho de cerveza, sudor y fluidos varios.

Sabino echando Sab-Hop
Sabino echando Sab-Hop

¿Violencia? Nada, ni siquiera la más mínima expresión de intolerancia. Me ha tocado escuchar más groserías, vulgaridades y sandeces caminando en las calles de Guadalajara que en el Calavera Fest. Nunca había estado en un festival donde cada quien estuviera en su pedo, sacudiendo cabeza y manos si algo les latía, yendo a sentarse si les daba güeva. No sé si esto se deba a que el mood de este hip hop es diferente al de la vieja escuela, más trivial, más relajado, alegre y a veces hasta cursi; para muestra la chulada de Banda Bastön, que mezcla los sentimientos más puros con la sinceridad del barrio: “Hoy me doy cuenta que me gusta que no seas perfecta, ni lo que me imaginé, no tengo queja, sigues siendo mi reina, mi jaina y mi vieja…”

Alemán e Hispana en la casa
Alemán e Hispana en la casa

Para ser un festival de música hubo muy pocos instrumentos en escena. Sólo Sabino subió con banda, pero sabemos que lo que este güey hace no es rap si no Sab-Hop. Mi futuro exesposo, Charles Ann, se hizo acompañar de un guitarrista, trompeta y percusiones y combinó todo eso para crear una versión tan bonita de La hoja, que hasta ganas me dieron de grabar el coro y mandarlo por mensajito… (Ok, sí lo hice. Yo también “soy la hoja que arrastró el viento a tu cintura…”) El resto de los MC se la rifaron con una consola, micro y sus letras, lo que demuestra que el rap es más lenguaje que música, pero sin duda el lenguaje que fluye al ritmo del sentimiento es algo musical.

Charles Ans de Romero echando flow y corazón
Charles Ans de Romero echando flow y corazón

Un MC es un Master of Ceremonies, que no es lo mismo que un cantante sino aquel que toma la palabra (o la palabra lo toma a él, no se sabe) en medio de una audiencia y así como puede echarse unas rimas puede echarse un poema, igualito que lo hizo Muelas de Gallo de Banda Bäston cuando empezó a hablar de mujeres y de repente confesó que le importa “un pito que tengan los senos como magnolias o como pasas de higo…” y así se siguió de corridito hasta terminar ese famoso Oliverio Girondo que a tantas quinceañeras ha humedecido.

Dice Hispana que “La palabra mata o levanta un pueblo y al final de eso se trata el hip hop, de usar la lengua como una extensión de los instintos. Es decir las cosas tal cómo las estamos sintiendo porque si nos detenemos a pensar lo que vamos a decir, que es lo que normalmente me pasa, uno ya no dice lo que le salió de la entraña sino lo que le dictó la moralina. Por ello, para la gente reprimida como yo que se inhibe en cuánto empieza sentir algo, el hip hop es el medio para sacar lo que no nos atrevemos a admitir que hemos pensado. Esto lo entendió muy bien Tino El Pingüino cuando a medio show dijo: “Esto va dedicado para quienes abren su corazón y se sinceran, para esa madre sirve el hip hop”.

Tino El Pingüino y su mensaje de paz
Tino El Pingüino y su mensaje de paz

Surgido de las calles, el rap narra la realidad del barrio desde la óptica de quien vive sin detenerse a juzgar lo que está viviendo. En sus líricas no hay héroes, sino gente que le chinga para conseguir lo que quiere y disfruta del cagadero que va haciendo en el proceso. Hay hedonismo, fiesta, yerba, coca, caguamas, desmadre y sexo, mucho sexo… La mezcla perfecta del valemadrismo. No se trata de negar la nostalgia en cada peda, sino de aprender que valer verga también puede disfrutarse y como Alemán, simplemente decir: “pásame la weed mi amor, el mundo es para nosotros”.

La Banda Bastön arrasando el escenario
La Banda Bastön arrasando el escenario

Contrario a la fama de conflictivo que tiene el ambiente hiphopero, en el Calavera Fest nadie le tiró mierda a nadie, no, todos los MC tuvieron un comentario agradable sobre la gente con la que compartirían escenario; creo que tienen perfectamente claro que en un género que está creciendo, lo más sensato que pueden hacer es sumar, no dividir. Detrás de cada barba, piel tatuada y cara ruda que tomó el micrófono hubo un mensaje de respeto, tolerancia y amor; Muelas de Gallo lo dijo con todas sus letras: “Lo mínimo que nos merece un ser humano es respeto, respeten a los demás y respétense a sí mismos.”  Si cuando llegué al evento dudaba si realmente me gustaba el hip hop, al salir del Calavera Fest terminé por portar mi gorra con más convicción que nunca. Aquí todo estuvo bien: “melancolía y cerveza fría ¿Quién puede necesitar más que eso?

Libertad, amor y respeto ¡Esto es Hip hop!
Libertad, amor y respeto ¡Esto es Hip hop!

 

Texto: Abril de Romero

Fotografías: Tania Palacios 

 

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