Es un lunes más, uno cualquiera, nada ha cambiado en esta fría y melancólica habitación. Los motores de los coches componen la melodía urbana que diariamente alegran estas paredes, el humo denso inhalado por los peatones entra por el pequeño borde de la ventana. Me dispongo a leer el diario como de costumbre acompañado de un café y una disminuida esperanza de mirar tras el paso de las hojas una ciudad sin sangrar… es casi un reto para mí, no por el hecho mismo de sentarme cómodamente a leer sino por su contenido bélico. Pues, ¿qué persona en su sano juicio puede tolerar tantos infortunios? Salvo algunos cuantos, la mayoría como yo no podemos con tantos asesinatos, la muerte como identidad de una nación; me llena de temor y angustia. No puedo imaginar mi muerte en manos de un desconocido, de solo imaginar que mi último recuerdo sea la cara de un frustrado ladrón deseoso de mis pertenecías, me estremece. Un respeto grande merecen las víctimas de estos tristes casos, pero qué se puede esperar en una ciudad como esta.

Cómodo en el sillón y después de unos sorbos a mi taza de café me encuentro con una noticia muy particular. La fotografía abarcaba gran parte del artículo; se trataba de un hombre no menor a los treinta años con una soga en el cuello, botellas de licor por todo el piso simulando una alfombra y gracias a la toma pude identificar lo que parecía una carta sobre su cama, posiblemente se trataba de sus últimos deseos. El encabezado lo decía todo: Renuncia a su vida en cuarto de Hotel.

Conforme leo aquella forma tan descriptiva y sin censura del suceso, sin poder evitar mirar la fotografía un par de veces, me quedo perplejo mirando hacia la puerta como si esperase con ansias la entrada de alguien para acecharlo. Pero no era otra cosa que mi mente asimilando dicha noticia; ¿qué fue lo que provocó la decisión del suicidio? La noticia no daba detalles de ello, mucho menos citaron el contenido de la carta, entonces mi inquietud se expande por todo mi cuerpo ignorando todo lo que hay a mi alrededor. Bebo otro sorbo de café, bajo el periódico y me adentro en mis pensamientos…

¿Por qué me angustia tanto saber la razón por la que él se quitó la vida? ¿No es acaso la muerte la última meta a alcanzar para todo ser vivo? Sí, lo es porque somos seres finitos. Pero, ¿a qué se debe tal importancia en mí de ver en el diario el suicido de un sujeto extraño? La angustia se debe a la empatía que siento hacia él, porque antes de pasar por un hecho social es primero un hecho individual. Al ser un desconocido para mí, me inquietaba el sentimiento de estar en los zapatos de los familiares o amigos de aquél hombre. El dolor funerario me aturde la vida hasta dejarme indefenso. Entonces, ¿será acaso el miedo de sentir ese gran dolor y no la ausencia? Si es el dolor entonces la muerte queda en segundo plano convirtiéndome en egoísta por mi sufrimiento. Se dirá entonces que estoy equivocado porque lo que se duele es la ausencia física de aquella persona y sus recuerdos. Honestamente no lo sé, pero lo que sí podría decir es que la muerte es tan importante como la vida.

Por: Gerardo Flores.

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