Eran las 22:00 hrs. en el Foro Independencia y después de las presentaciones de Acidez y Uno Menos se avecinaba el regreso después de un año de una de las bandas que con 35 años de trayectoria se distingue por ser de las más innovadoras y legendarias del Punk, The Adicts.

Siendo su servidora una gran fan de la agrupación —habiéndolos visto tres veces en menos de dos años, la última hace apenas dos meses— esperaba con ansias la salida de una de las pocas bandas que si me dijeran “vamos hoy a ver a The Adicts” así los haya visto ayer los volvía a ver de nuevo hoy. Y así salieron a escena en el orden que ya establecido, sonando de fondo su opening de costumbre —la música que suena en La Naranja Mecánica mientras Alex se toma su vaso de leche en el Moloko—, la presencia de espaldas al público de las cuerdas y la presentación de Kid Dee en la batería que acostumbra subirse a su banquito, tocar los platillos parado y hacer un una pequeña rutina de preparación para recibir al rey del performance en el escenario, el gran Monkey, todos ataviados como también es costumbre como los personajes de Naranja Mecánica —excepto Monkey que siempre es un Joker a blanco y negro—, todos de blanco —no en calzones— pero sí con bombín por parte de Monkey y su nuevo bajista, quien tiene menos de quince días como parte de la banda, ya que Davey tuvo que dejar la agrupación debido a un accidente automovilístico el pasado 13 de octubre.

El público recibe eufórico la presencia de dicho actor del Punk y comienza la fiesta con “Let’s Go!”, que mejor para iniciar con una canción que te invita a volverte loco, saltos, gritos y cerveza volando reciben a los fans de la teatralería y La Naranja Mecánica, continúa el recital con “Joker in the Pack” acompañado de la lluvia de cartas de poker por parte de Monkey al público, las cuales los asistentes empiezan a intentar cachar alguna y concluye el triplete de apertura con “Horrorshow”, obviamente yo muy contenta cantaba al unísono mientras captaba momentos de la noche a través de mi lente.

Para los que nunca han visto a The Adicts en vivo los actualizo un poco y les comento que todo su show va acompañado de parafernalia, utilería, confeti, serpentinas y muchas sorpresas, de modo que mientras avanza la noche la fiesta se pone cada vez mejor, continuaron con temas como “Tango”, “Numbers” y “Easy Way Out”, canciones en las que aproveché para tomar algo desde atrás antes de que como buena amante del desorden encargara mi cámara, mi celular y me adentrara en la efervecente multitud.

Para mi buena suerte cuando llegué al área de caos comenzaron a interpretar la balada que logra hacerme brotar lágrimas y para terminar de matizar el momento me encontré con mis queridas amigas, a las cuales abracé y al unísono cantamos “…don’t you know, I love you so, I would never ever let you go!, I AM YOUUUURS, WHENEVER YOU WAAAAANT ME, I AM YOOOUUUUURS WHEREVER YOU NEEEEEED ME…“, sí, no lo niego, lloré mientras cantaba, pero eso solo demuestra el poder que puede tener la música en una persona para desatar tales sentimientos y acciones.

El momento emotivo terminó y continuó la noche con cosas más irreverentes como “You’re All Fools”, “Fucked Up the World”, “Life Goes On”, “Shit Song” y “Fuck It Up” y después de que en repetidas ocasiones Monkey les dijera a todos que se metieran el dedo se retomó la locura carnavalesca con “My Baby Got Run Over by a Steamroller” y “Crazy” que no puedo decir que volvieron a motivar a la gente, porque en realidad nunca hubo desmotivación, sino que anunciaron que el final se acercaba con un súper combo musical.

“Chinese Takeaway” fue el principio del fin, que dio lugar a que la locura se desenfrenara y se reanudara el surfing hasta el front pit por parte de los asistentes, mientras aventaban serpentina y rollos de papel simulando fideos chinos a la gente, no paro la energía y continuaron con “Bad Boy”, un tema más tranquilo que hizo que entre asistentes se abrazaran y cantaran con todo el sentimiento, la secuencia se dio con “Viva la Revolution”, que provocó locura total, hubo segundos en los que no podía respirar entre los apretones y aventones, pero es parte del rock, aplausos y todos cantando recibieron lo que sería el culmen de la noche, “You’ll Never Walk Alone”, que se acompañó con una lluvia de pelotas y globos gigantes, era una fiesta, lástima que había llegado a su fin.

Se notaba la felicidad en los músicos en respuesta al emotivo público, se despidieron, se bajaron del escenario a firmar algunos autógrafos y tomarse algunas fotos con el público. Yo solo puedo decir lo mismo que digo cada vez que los veo, ya los quiero volver a ver.

 

Fotografía y reseña: Ixchel Wood.

 

 

 

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