Formas de vida

0
899

La columna que se prometió ser quincenal está saliendo cada seis meses. Paradójicamente, en el periodo de ausencia he escrito más que en toda mi vida previa. El problema tras la sequía no es que haya estado ocupada poniendo las palabras al servicio de otras personas; no, el pedo es que en el proceso se me fueron menguando las ganas de usarlas para mí. Cuando más deseos tengo de destruir a cabezazos el teclado de mi lap, me pregunto qué haría si no me dedicara a esto; supongo que moriría, no sé si porque escribir es para mí una necesidad vital o porque es lo único que sé hacer para subsistir. En la rifa de habilidades para la vida me tocó la sazón para las papas fritas y esto, aún no sé cuál me ha sido más útil.

Para quién no sabe qué hacer con el cachito de talento que se le asignó, es complicado entender cómo hay quien logra encauzarlo y además lo hace con gusto ¿Cómo consiguen seguir amándolo aunque sea haya convertido en una obligación? ¿Cómo transforman su creatividad en sustento sin sacrificar su esencia?

 

Juan López, Músico (Querétaro, 1990)

-Cuando era niño pensé que sería escritor. En ese entonces estaba enamorado de esta idea del personaje bohemio, apenas había conocido la bebida y todo era maravilloso. –Respondió Juan cuando le pregunté si desde morro sabía que sería músico. De cómo fue su infancia y por qué empezó a beber a los doce, hablaré en otra ocasión. Ya le he dicho que el día que alcance la fama escribiré su biografía no autorizada, aun así no deja de hacerme confidencias, cosa que demuestra que sus tendencias autodestructivas casi siempre lo rebasan.

Conozco a Juan hace seis años, más o menos en la misma época en que dejó su pueblo para probar suerte en la capital. Nos hicimos amigos desde los días en que vivía en el culo de la ciudad y sólo salía de su casa una vez al mes, cuando tenía tocadas a las que sólo íbamos las novias en turno de la banda en turno.  Vi desde primera fila decenas de ensayos, tocadas y discusiones. Compartí la alegría de verlos subir a un escenario del Vive Latino y también la frustración del viaje a Guadalajara en el que se descompuso la camioneta y tras doce horas de camino llegamos a un festival que se canceló por lluvia.

-¿En qué momento descubriste que querías ser músico?

-Creo que fue como a los trece, después de ver un documental de una gira de Bunbury.  Me encantó todo lo que envolvía la música: los viajes, los amigos, los escenarios, el público, la vida nómada. En ese momento me dije “Fuck, yo quiero todo eso”.

¿Y quién no lo quiere? La diferencia entre Juan y los millones de personas que han soñado la misma cosa es que él parece tener lo necesario: Es talentoso, sensible y lo bastante consciente de que talento no es todo lo que se necesita para infiltrarse en la industria.

-¿Por qué lo lograrías tú? ¿Qué te hace diferente a los otros que lo intentan?- Se lo pregunté con la certeza de que asume su potencial, de lo contrario no habría invertido catorce años de vida en su carrera.

-Supongo que es cosa de suerte. Te puedo asegurar que hay gente mucho más talentosa que yo que no tuvo la oportunidad de intentarlo, porque hacer música cuesta, el equipo, la producción, la difusión, todo cuesta. Otros no lo lograrán porque no estuvieron en la peda correcta, no se acercaron a la persona indicada…

Le doy la razón a Juan con el recuerdo de aquella tocada en que me fui de raid con el manager de una disquera chiquita que es tan grande como para que cientos de bandas quieran pertenecerle. Uno de ellos le mostró el disco que le acababa de entregar algún chavorruco. Siete segundos de reproducción bastaron para que lo tirara por la ventana. Me habría gustado sentirme mal por la banda que se endeudó grabando aquello, pero hasta yo sé que a la escena nacional no le hacen falta más adolescentes perpetuos soñando con llevar vida de rockstar.

Para mí, el mundo de la música se divide en tres: los que la hacen, los que pagan por ver a los primeros y los que se enriquecen de los otros dos. Juan pretende pertenecer al grupo más competido. Él a veces duda de sus posibilidades, pero yo creo que será de los elegidos; por eso me aferro a su amistad, porque sus secretos no se van a revelar solos.

-¿Qué crees que podría detenerte?

-El ego, cuando la gente me dice que le gusta mi música, siento que no me están haciendo ningún bien. Tengo miedo de creérmela de más y perder la perspectiva de por qué hago lo que hago.

-¿Y por qué lo haces?-

-Porque lo necesito. Ya lo he pensado, el día que ya no pueda cantar me suicidaría.

Sé que lo dice en serio, pero no me lo imagino quitándose la vida de forma violenta, al contrario, me da la impresión que es de los que la van perdiendo de a poco, como a traguitos… pero de esto ahondaré después en mi libro La fascinante vida de Juan López.

Facebook/juan.hefema Instagram Instagram @eljuanmunoz

 .

Hipocampo, Ilustradora (Ciudad de México, 1989)

Cuando era niña y me preguntaban qué quería ser de grande, me imaginaba a mí misma como una mujer refugiada dentro de un overol manchado de pintura. No dibujaba mal y pasar el día pintando me pareció mejor opción que la adultez que me habían enseñado: trabajo diario, matrimonio frío y una semana de vacaciones por año.  Tiré los lápices antes de saber qué tanto habría podido desarrollar esa habilidad, por eso conocer a alguien que vive de dibujar fue para mí un escaparate a lo que pudo ser.

Hipocampo nació en un cuerpo humano, ante el Estado fue registrada como Valeria Hernández. Esta charla la tuvimos mientras tomábamos té, porque Hipocampo es piscis, su naturaleza reclama calor, líquido y calma. Cuando era un pececito veía la adultez como el lugar en que la vida se resolvía. El camino sin baches entre casarse, conseguir trabajo y morirse, por eso le daba igual si sería veterinaria, dibujante o bióloga, mientras se cumpliese la estabilidad que le habían garantizado.

RECOMENDAMOS: Adolescentes de veintitantos

La consciencia de su talento apareció con la espontaneidad de un juego. Hipocampo era del tipo de niños que prefería convivir con engendros imaginarios que con gente, por eso coleccionaba tarjetas Pokemón. Era tan fan que si una cartita se volvía el Santo Grial de los niños enajenados, ella la dibujaba porque piratearla era más digno que dejar su colección incompleta. Sus copias triunfaron, comenzó a vendarlas y se dio la buena vida en los recreos.

Si la realidad se tratara de hacer sólo lo que a uno le gusta, quizá Valeria habría seguido triunfando, pero hay momentos en que uno se ve forzado a tomar decisiones cuando no tiene ni la madurez ni la experiencia para ello; por eso estudió Historia del Arte y se graduó más por prisa que por pasión. A los 21 ya sentía la urgencia de esbozar otra versión de su vida.

Hoy su ingreso depende completamente de sus manos, a veces hay chamba, a veces no, pero en la era de los tatuajes todo parece indicar que se avecinan buenos tiempos para los ilustradores. No sé con cuánto gusto recordaremos a Hipocampo cuando seamos cincuentones con rayas verdosas en los brazos, pero cómo pinta el futuro para esta generación, ése será el menor de nuestros problemas.

Además de ilustrar, es fotógrafa. Sus 170 k seguidores en Instagram lo confirman. Con su estilo vintage y su paleta de colores pastelosita, hay quien la ha llamado la Yuya de los hípsters.

-No mames…- Me respondió cuando se lo dije. –Si fuera como Yuya no estarías entrevistándome.

Es cierto, Yuya no le concedería una entrevista a una desconocida, igual que yo no se lo pediría, no tanto porque menosprecie su trabajo sino porque probablemente me rechazaría. Hipocampo, en cambio, accedió a reunirse conmigo a cambio de un té de rosa de castilla con cacao y un sándwich de berenjena salteada, tofú y aderezo Kewpie en pan sin gluten; quién diría que una morra tan talentosa tendría gustos tan simples.

Su obra tiene el encanto atemporal para gustar hoy y en cuarenta años, por algo entre sus seguidores hay adolescentes y veteranos, como el viejito de bastón que en un bazar le hizo saber cuánto la admira desde hace años. Vale quedó tan agradecida por su comentario que después de que se fue, trató de alcanzarlo para regalarle una de sus ilustraciones; qué conveniente que el hombre se movía lento.

El éxito es cosa de percepción. Así como el veterano y yo podríamos inferir que Hipocampo tiene talento de sobra para no volver a preocuparse por su porvenir, ella parece ver su futuro como una sucesión de crisis que, afortunadamente, siempre le conceden un oasis para un té, su libreta y sus colores.  Consolidar su obra y su nombre como autora parece no preocuparle, quizá porque la ilustración no es su balsa, sino su mar. Supongo que todo se resume a que es piscis, está hecha para flotar.

Facebook/hipocampo.ilustradora    Instagram @_hipocampo                              Blog hipocampo.mx

 .

Christian Ramos, Actor (Guadalajara, 1990)

-Tienes dos opciones, te regresas y no pasa nada, o te demuestras y les demuestras que sí puedes.- Me dijo La Coqui hace tres años cuando le llamé llorando para decirle que no sabía si quería seguir estudiando actuación.

La Cuqui es su mamá, la señora que a la salida de la escuela llegaba en un pointer plateado para llevar a Chris a su entrenamiento de natación. Lo sé porque lo conozco desde que íbamos en la primaria. Éramos los alumnos que faltábamos a clases porque teníamos competencia de atletismo o concurso de escolta, los ñoños aplicados, pues… Claro que si en ese momento hubiéramos sabido a qué nos dedicaríamos, quizá no habríamos tomado la escuela tan en serio.

Christian Ramos sacaba excelentes notas, dibujaba bonito y era un deportista-bebé de alto rendimiento. A los diez años ya estaba en competencias nacionales. Todos, incluso él, creíamos que algún día lo veríamos en la televisión, lo que no imaginamos es que sería en telenovelas y no en juegos olímpicos.

-Me acuerdo una vez que estaba con mi familia viendo la primera generación de La Academia. Yahir cantó Persiana Americana y a la gente le mamó, entonces mi papá nos miró a mi hermano y a mí y preguntó: “¿Por qué alguno de ustedes no se dedica a eso?”. Yo en su momento pensé: “Me encantaría…” pero no lo dije.  Todavía me acuerdo que en el camino de la escuela a la natación pasábamos por una academia de canto. Siempre sentí ganas de decirle a mi mamá “Por favor, méteme a clases”, pero me dio pena.

Varios años antes de aparecer en el Hotel de los Secretos y la bioserie de Lupita D’Alessio, Chris participaba en competencias de triatlón nivel tengo patrocinadores que me pagan por competir en ropa pegadita. Se lesionó la rodilla antes que ese pretexto se convirtiera en el mame de los mediocres, y en algún punto de su vida llegó a convertirse en reportero de deportes del canal del estado de Jalisco.

Cuándo y cómo fue qué hizo casting para el CEA (Centro de Estudios Artísticos – Televisa) no es tan relevante como lo que vivió el día en que le notificaron que fue aceptado y tenía que presentarse en CDMX de inmediato.  Algunos de sus compañeros lo felicitaron, otros le hicieron saber que se arrepentiría y hubo quienes desde entonces se han dedicado a especular sobre qué ha hecho Christian para llegar a horario estelar.  Lo que no saben es que el CEA no es un paraíso. La presión es constante, la competencia alta y la mayoría de los admitidos deserta en medio de mucho drama… porque actores, porque Televisa.

-¿Cuál es el momento más difícil que viviste en la carrera?

-Fueron muchos, recuerdo, por ejemplo, a una profesora que me dio dos papeles protagónicos en Los últimos días de Judas, fue horrible, no había ensayo en que no exhibiera todos mis errores… En los entrenamientos de natación me acostumbré al trato rudo y la disciplina, creo que por eso fui capaz soportar esas semanas. De plano un día de crisis le marqué llorando a la Cuqui para decirle que ya no aguantaba.

Y la Cuqui le dijo lo que ya sabemos. Sus palabras funcionaron y Chris se quedó. El día de la presentación, esa maestra lo felicitó públicamente por su extraordinario crecimiento. Por supuesto, ese instante de reconocimiento no aminoró los malos ratos. Uno de los peores, la tarde en que un profesor lo llamó al frente del salón para decirle: “Mira a tus compañeros ¿Qué ves en ellos? ¿Qué color de piel tienen? ¿Cómo son sus ojos? Ahora mírate tú, ve tus rasgos ¿Quieres sobresalir? Vas a tener que esforzarte el doble…”

Qué suerte que esforzarse el doble es algo que Christian siempre ha hecho. El día que lo entrevisté quedamos de desayunar a las 09:00. Llegué amodorrada a las 09:20. Él estaba esperándome con un café, ya había ido a entrenar, a asearse y a hacer el súper. ¿Cómo logra estar en teatro, televisión, en un desayuno con su compañerita de la primaria, en Puebla con su sobrino y, por si fuera poco, verse como si aún fuera deportista de alto rendimiento?

RECOMENDAMOS: La tía borracha

-¿A qué le tienes miedo?- Le pregunto cuando consigo controlar poquito la envidia. – Te está yendo increíble, me da curiosidad saber a qué le teme alguien con una vida como la tuya…

-Gracias.- Sonríe con timidez.- Creo que… Sí, creo que me da miedo quedarme sin amigos.

El trabajo, los llamados, la familia, los ensayos, el ejercicio; la vida exige tanto que a veces no da tiempo para los lugares que existen sólo para estar, como los cafés, las caminatas y las amistades. Chris parece saber que los días son cortos, por eso se levanta a las cinco de la mañana.

Facebook/ChristianRamosOficial   Instagram @Christianramosr      Twitter @chrisramosr

Yo no puedo despertar antes de las ocho sin que me duela la cabeza, supongo que esas tres horas de rezago se acumulan día a día. A estas alturas siento que mi lista de pendientes rebasa lo que me queda de vida. Tengo 27 años, si hubiese conseguido alguna de mis metas estaría en buena de edad para morirme; sin embargo, de acuerdo a los índices actuales de esperanza de vida, me quedan otras cinco décadas para seguirlo intentado, parece tiempo suficiente para llegar a algún lado o al menos para comprender que a veces no se trata de llegar. ¿Y si la vida no es carretera sino un horizonte para subir, bajar y dar volteretas? Un océano donde se vale cantar, dibujar y dejarse llevar. El trabajo del actor, me dijo Christian, es sentir que la vida de otro fluye a través de uno. Supongo que vivir, crear y vivir de crear es más o menos lo mismo, si uno se resiste o se fuerza, termina siendo el tonto que por querer rebasar, choca y ya no avanza, ni fluye, ni deja pasar.

Formas de Vida por: Abril Romero  

Blog abrilderomero.com  Facebook /abrilderomero   Twitter @deromeroabril

 

Dejar respuesta