No podía ser de otra manera.

La vi alejarse, y me alejé también.

Me refugié entre la noche gris que arropa los bares.
Me invadía la ansiedad y busqué en el abrigo.
Tenía cigarros. Tenía recuerdos. Tenía hvmo.

Fumé.
En ocasiones los momentos más oscuros se iluminan con la brasa de un cigarro.

Entré al bar. Sonaban las canciones que me revientan el corazón.

Fumaba igual. Escuchaba y escribía.
En una conjugación más presente, lo hago ahora.

Entonces, era eso, hvmo escondido entre la noche. Hvmo que invocaba,  hvmo que besaba el mezcal; hvmo que traía esa figura tan hermosamente desnuda. Llovía.

De pronto, la vi en la barra. Lucía tan imperfecta. Calzaba tenis y vestía una falda negra. Portaba una sonrisa magnética. Sufría igual.

No pude evitar ver sus pechos tan redondos como soles.
Seguía fumando mientras lo hacía.

Nos miramos. Supimos que compartíamos dolor. Nos largamos. Busqué en sus labios la paz que no tenía cada que el semáforo se ponía en rojo.

Me pidió un cigarro y compartimos hvmo. Sonaba una canción en el coche:
“la esperanza se ha esfumado como el cigarro entre mis manos”.

No daré detalles del desenlace nocturno, ni de cómo nos arrancamos la ropa antes de bajar del coche. Solo diré que continuó lloviendo, que amanecí junto a ella y me retiré antes de que despertara.

Solo diré que decidí caminar por la madrugada tan húmeda como mi cajetilla de cigarros.

Solo diré que el último me raspó la garganta como su ausencia.

Solo diré que fumé…

-Amaury Sahagún

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