La cita fue a las 9 pm, pero los asistentes comenzaron a llegar desde las 8 con la expectativa de algo grandioso. Quizá muchos no pudieron esperar a que fuera más tarde, otros solo querían garantizarse un lugar lo más cercano posible a la banda canadiense BadBadNotGood, ya que desde que abrieron las puertas de ingreso, quienes se dieron cita en el  comenzaron a acomodarse con cerveza en mano y en su mayoría acompañados.

Público de todas las edades, pero principalmente adultos jóvenes con una vibra bastante artística. A la cita acudió más de uno de la escena musical de Guadalajara, todos con proyectos bien posicionados en la ciudad y principalmente jazzistas con una buena trayectoria en la escena local, como el destacado baterista Armando Curiel, ganador del premio ‘FJ 2018’ otorgado por ‘Jalisco Jazz Festival’ y ‘Fundación Tónica’ por su álbum “Familia”.

Dentro del recinto todo permaneció bastante obscuro, la única iluminación con la que se contaba eran las tenues luces azules del escenario, La Luz de las pantallas de los celulares y algunos destellos que provenían de el Lobby. Conforme se acercaba la hora esperada el recinto comenzó a llenarse. Cada vez se encontraban menos espacios vacíos y aún así continuaba llegando gente. Era de esperarse con el fabuloso Sold Out que se había logrado.

Por fin llego el momento y la sala se iluminó un poco más mientras la aclamada banda tomaba sus lugares.

Iniciaron con reservas y agradeciendo a los asistentes su presencia. Fue muy claro que la intención de los músicos era llevar a los presentes en un viaje gradual y elaborado a través del repertorio de esa noche. En todo momento mantuvieron una Comunicación sonora e íntima con la gente, invitándolos incluso a que se unieran a las dinámicas cuando en su interpretación se intercalaban percusiones y silencios. En el público se podía ver un entusiasmo encantador y el cuarteto era consiente de la energía que fluía en todo el lugar.
Así como se dejaban llevar por la improvisación y la sorpresa, las luces los acompañaban en ese vaivén de sincopas y las notas se coordinaban con la penumbra, a veces son más luces, en otras ocaciones solo juegos de sombras.

Algo maravilloso fue poder observar cómo entre ellos se permitían un protagonismo compartido; es decir, todos tuvieron oportunidad de lucir su indudable habilidad como multi-instrumentistas y nos permitieron en cada solo descubrir la sensación con la que se interpretan a ellos mismos a través de sus canciones.

Fue una velada llena de atrevimiento y conforme se iba llegando a la cúspide del evento la música no era lo mismo que en un inicio. Las progresiones que presentaron tenían a todos dentro de un trance profundo, divertido, dinámico, sensacional.
No quedó duda de que lo que estos músicos hacen no se trata solamente de las notas o de los géneros, sino de toda una oferta sensorial en la que entre risas, aplausos y bailes los asistentes vivieron una de las noches más inspiradoras de Guadalajara.

Reseña y fotografía: A. Dérive.

 

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