Amar y coger no es igual

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-¿Ya te había dicho que me quiero coger a Naty?- Me preguntó Rubén mientras me alcanzaba la cerveza que destapó.

-Gracias. No me habías dicho pero no me sorprende, o sea, ¿quién no? La niña está súper bien…-

-Sí. Y la mejor parte es que ella también me quiere dar, ya me dijo…-

-¿Y luego? ¿Por qué estás aquí hablando conmigo y no en casa de Naty mandándome el vídeo? Es broma, güey, de verdad  ya no me mandes porno casero…-

-Dude, no mames, Naty es la mejor amiga de Fany… no soy así de ojete.-

– Sí, porque tú eres más decente que eso y sólo le pones el cuerno con chicas que nunca piensas volver a ver.-

-Lo sé, soy un caballero… pero por Naty podría dejar de serlo, ¡Oh sí!- Sonrió y le dio un trago a su cerveza para refrescarse el recuerdo.- Está buenísima esa vieja… ¡Vale verga! ¿Por qué tienen que ser amigas?-

-Si te acuestas con ella dejarán de serlo y ¡listo! problema resuelto…-

-No dude, recuerda la regla de oro: Don’t shit where you eat.-

-O en buen castellano: Donde tengas la olla no metas la polla.-

Rubén es un infiel con principios: No se mete con familiares, amigas ni conocidas, y no se deja ver en lugares públicos con otra que no sea Fany. A las demás les advierte de antemano que no está interesado en una relación que dure más de dos horas  (aunque por dos horas quiere decir diez minutos) y siempre usa condón. Rubén podrá ser deshonesto, hedonista y promiscuo; pero cuando no está aprovechándose de los daddy issues de alguna adolescente tardía, en realidad es un novio bastante tierno y considerado cuyo principal defecto es tener la carne muy débil.

 

Pedimos otra ronda y conseguimos cambio para la rockola. El romántico de Rubén puso a José José.

-Oye, ¿Y cuándo la engañas no sientes culpa o algo así? –

            -Sólo cuando están menos ricas…-

            -O sea siempre ¿no?-

            -No, obviamente no se siente bien mentirle a alguien que quieres pero tampoco es la gran cosa. El chiste es no pensar demasiado en ello… simplemente es lo que es: una cogida y ya.

-Ya lo dijo El Príncipe: “amar y coger no es igual…”-

-Pues no, amar es sufrir, coger es gozar…-

 

Rubén no es el único de mis amigos que ha ajustado su propia manera de vivir la monogamia. Para Ximena, por ejemplo, solo cuenta como infidelidad cuando lo haces con intención y alevosía, todo lo demás es un “accidente”, un evento circunstancial que no tiene por qué repetirse ni tampoco hay razón para hablar de él.  Boris dice que es como la paradoja del árbol que cae: si no hay evidencias ni testigos ¿De verdad fuiste infiel? La Pacheco cree que la monogamia es otra forma de limitar nuestro espíritu y el único principio que rige su vida sexual es el de no acostarse con alguien nuevo sin antes haberse dado el tiempo de retirar de su campo energético “la vibra” que dejó el anterior.

 

-Oye, y si Fany enloqueciera y te propusiera una relación abierta…? Ya sabes, se aman pero tienen chance de echarse a alguien más…-

            -No, definitivamente no, no mames, no; no quiero que mi vieja coja con otros… – (A partir de ahora ya pueden odiar al deshonesto, hedonista, promiscuo y machista de Rubén)- Sí, sé que a lo mejor es algo machista pero…-

-Sí, sí es y mucho…-

-Pero no a todos nos late que nuestra pareja coja con otros…-

            -¿No a todos? ¿Lo dices por lo mío con Don? Ahí no aplica porque ese güey y yo no somos pareja…-

            -Ya sé y ese cabrón también lo sabe, pero no estoy seguro que tú lo sepas.-

-Sí, ya todo tranquilo, a estas alturas ya sé bien cómo están las cosas con ese güey…-

-Son más como fuck boddies ¿no?-

            -Sí, algo así… Por ejemplo, el otro día pasamos el día juntos, caminamos de la manita y cosas cursis ¿no? Hablamos de todo, me invitó a comer y luego fuimos a mi casa, ya sabes, Netflix and Chill…-

-¡Nice!- Y al decirlo Rubén chocó nuestras cervezas.

-Luego él se fue a otros asuntos…-

-O sea, se fue con su morra ¿no?-

-No sé, supongo…-

-Porque sí te acuerdas que tiene vieja ¿verdad?-

-Sí, güey, novia y seguro otras cinco en lista de espera, ya sé… pero equis, a lo que voy es que ni siquiera pensé en eso. Después de que se fue lo único que tenía en mente era cuál de mis tres camisas me pondría para salir con Roy.-

-¿Quién es Roy?-

-Un tipo con una sexy barba de vikingo que conocí en una fiesta…-

-¿Y qué tal?-

-Nada mal, fuimos a un bar, me divertí, pagó la cuenta…-

-Comida y peda gratis en un día… Consíguete alguien que se rife con el desayuno y ya puedes dejar tu chamba.-

-Corazón, nada es gratis…- Y ahora fui yo quien provocó el choque de chelas.

– ¿Don no la hace de pedo cuando sales otros?-

-No está en posición de hacerlo, y además tampoco es que se lo esté diciendo…-

-No es tu novio pero le mientes como si lo fuera ¡nice!-

-No le miento, sólo omito información que no le es útil. O sea, creo que puedes salir con varios pero siempre es importante que mientras estés con alguien esa persona se sienta única.-

-Cortesía básica, yo por eso no les menciono a mi novia hasta que ya quiero correrlas.-

 

Volvimos a brindar y aunque le sonreí, en el fondo me horrorizó un poquito estar de acuerdo con alguien del calibre moral de Rubén ¿Será que yo también soy todo eso que pienso de él? Es decir, Don y yo nos procuramos, nos queremos, nos damos cariño y la suficiente libertad para que podamos ofrecerle todo eso a otras personas; esto no suena tan negativo hasta que la gente que lo sabe me dice que la cosa terminará en drama, que alguien se hará daño, que habrá corazones rotos y que a más de alguno le dará chancro. Lo peor de estos pronósticos es que a veces también los veo probables: tantos siglos de programación cultural me llegaron a  convencer de que el amor erótico, ése que implica ternura, sexo y lealtad, se entrega con derechos de exclusividad; y ahora que voy entendiendo qué tanto se puede abrir el corazón (y las piernas), ya no sé si soy yo quien ha retorcido el concepto del amor o es éste el que se ha empeñado en quedarse corto.

            – ¿Y tú? ¿A cuántos les has puesto los cuernos?-

            -A nadie, Rubén, mi historial está limpio como mi consciencia…-

            -¿Segura? Porque eso de que le andas jugando al poliamor con ese güey me suena a que ya lo has hecho antes…

            -No. No ni al caso… Bueno, no sé. Creo que una vez me enamoré de alguien mientras andaba con otro ¿cuenta?-

            -¿Cogían?-

            -No, era algo mucho más emocional. Sólo hablábamos diario, salíamos de vez en cuando y pensaba mucho en él. Una vez soñé que lo hacíamos y me sentí fatal.-

            -Ridícula. –

            -No, tonto; me sentí fatal porque la noche en que lo soñé había dormido en la casa de mi novio, y no sé, fue incómodo dormir con uno y soñar con otro… ¿Tú qué dices? ¿Cuenta como engaño?-

            -Neh… Más bien creo que te estabas haciendo güey y ya no querías a tu bato…-

            -No, sí lo quería. Los quería a los dos, mucho…-

            -No sé, si yo hubiera sido tu bato igual le partía la madre al otro güey.-

            -Y ésa es una de las  mil razones por la que nunca serías mi bato…-

-Tú tampoco eres el mejor partido eh, zorrita onírica…-

-Ya sé, pero no mames Rubén ¿Por qué lo golpearías? ¿Porque tu novia se enamoró de él? No puedes culpar a nadie por eso. Creo que eso es lo difícil de esas situaciones, uno puede comprometerse a coger siempre con la misma persona, a verle diario, a entregarle su tiempo, a cuidarlo; pero nada garantiza que no llegará alguien más que nos despierte las mismas ridiculeces. Eso es algo que nadie puede controlar, simplemente empiezas a querer a alguien nuevo y luego ya no hay vuelta atrás…-

-Shit happens…-

-Es eso, ¿por qué querer a dos tiene que ser un problema? O sea, si el amor le hace tanto bien al mundo ¿por qué no dejar simplemente que crezca y alcance a cuantos pueda?-

            – Y se vaya regando como la sífilis…- 

            -No, güey, sólo creo que tenemos una capacidad ilimitada para  amar y el que queramos a alguien no significa que eso le reste al cariño que ya le dábamos a otras personas…-

            -Pues no, pero pues ahí estamos chingue y chingue con eso del “uno para el otro”…-

            -Sí, por apego, miedo, no sé… Supongo que lo hacemos porque la vida es más fácil entre dos, ya sabes, tus puntos del Infonavit, más los míos…-

– Fany cotiza muy bien…-

-Piénsalo, si no tuviéramos que concentrar todo nuestro amor en una sola persona y en vez de eso lo dejáramos fluir, podríamos aprender, querer y disfrutar de mucha otra gente. –

            – Sería una sociedad más amorosa y libre…-

            -¡Exacto!-

            -Tienes razón… Me cogeré a Naty.-

            -No, güey, no dije eso…-

-Eso haré… ¡Salud!-

-No, o sea, para que funcione tiene que ser un acuerdo  y no una licencia personal…-

            -Calla, no limites mi libertad para amar a Naty…-

 

Al poco rato pedimos la cuenta y nos despedimos, pero por días pensé en Rubén, en Fany, en Naty, en Don, en su novia; ¿Será que todos estábamos condenados a seguir simulando que el amor es cosa de dos? Alguna vez le pregunté a Don por qué era infiel: “Ella no me llena”, dijo,  y en gran medida lo entendí. No creo que nadie pueda llenarlo porque ni él ni ninguno de nosotros estamos medio vacíos. No necesitamos que nos “llenen” pero sí podemos permitir que nos expandan, y en ese proceso habrá muchos dispuestos a ayudarnos, ya sea como amigos, cómplices, amantes, one night stand, novios, pareja, y demás gente con la capacidad de darle un  giro a vidas ajenas; lo único confuso de lidiar con ellos es que no siempre llegan uno después del otro, sino que a veces sólo se meten en la fila y hacen su desmadre.

 

Ayer Rubén me mandó una foto de las que le pedí que ya no me enviara. Estaba parado frente al espejo de su cuarto, en el reflejo se veía su cama albergando a dos delicadas siluetas femeninas. El mensaje decía:

-Tenías razón con eso del amor libre. A Naty y Fany les encantó la idea.-

 

Texto: Abril de Romero

Ilustración: Erick Parraguirre

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